
No es la prisa, ni es el frío, son las ganas de olvidarte sin la espera en este olvido. Duermevelas de una noche, de rencores y reproches, del silencio sin sentido en tu errado paraiso.
Lo sé, no supe darte el cielo, pero yo al menos escuchaba tus latidos y a ti ni siquiera te importaron los míos. Por eso yo fui todo en cada parte y tú solo vaiven en mis sentidos.