
No supe verla por dentro y no entendí de su lenguaje a veces... Tras las rejas unos ojos que se empañan. Y en Babel toda una vida que la hiere en el vaivén de su escapada.
Quizás pude hacer algo, quizás lo haga de nuevo, o quizás no supe buscar bien los alivios esparcidos al capricho de su boca. Yo solo quise verla aún mas allá de todo aquello. Allá donde la brisa le es caricia y prende besos en su talle. Allá donde no le rocen siquiera los despojos de su abismo y de su "nada". Allá donde quedaron despistados sus encantos, naufragó su desacierto y salpicaron con su risa mil verdades en su cara.
(...)
Pero nunca bajé de este barco... no mientras un mísero halo de vida quede en mí bajo la piel de su esperanza. Llevo conmigo el poniente y el levante a los costados y sigo acechando su norte a pesar de los jirones de lamento y la estocada.
No tuve miedo al destino. Ya me enfrenté al mismo invierno y lo haré a un ejército entero de demonios si hace falta. Por eso, no tengas miedo tú vida mía, que después de las tormentas siempre vuelven a dibujarse las laderas de tu calma.
Ya ves, de mi corazón forjé tu sino y lo he virado a mi horizonte. Puse mi alma en tu bolsillo y mil canciones a tu nombre... Que no te engañen los sentidos, te dejé la puerta abierta y mar abierto a cada puerto de verdad en mis renglones.